Luis Alberto Romero

artículo publicado

8 de agosto de 2019

A un PASO de las elecciones, cinco intelectuales dicen lo que hay que hacer con la Argentina

Estado, derechos y nada de brechas

Por Luis Alberto Romero

Reconstruir el Estado: en primer lugar, la madre de todas las políticas es la reconstrucción del Estado –nacional y provinciales– para revertir un proceso de destrucción desarrollado a lo largo de cuatro décadas, que limita y condiciona la acción de los gobiernos. Hay que mejorar significativamente su capacidad de acción, gestión, afectada por la dispersión y pérdida de sus saberes, mediante sistemas de gestión actualizados y una burocracia calificada e imbuida de la ética del funcionario.

Hay que liberar al Estado de la coacción de los grupos de interés, frecuentemente instalados en las agencias públicas, que orientan en su beneficio la acción estatal, y hay que limpiar cada resquicio donde anida una mafia, como la de Vino Caliente Juárez, primo hermano del Caballo Suárez.

Finalmente, hay que recuperar la claridad sobre el interés general, que debe orientar la acción estatal. Ello requiere proponer alternativas y abrir una reflexión y un amplio debate en la sociedad y la opinión; una vez saldado –no necesariamente con consenso unánime– transformarlo en políticas sustentables.

Consolidar el Estado de derecho: la Argentina sigue siendo un país al margen de la ley, tanto en su parte marginal –el mundo de la pobreza– como en su parte integrada y establecida. Hay una tarea pendiente, de obvia relevancia: establecer el principio del gobierno de la ley, piedra fundamental de la previsibilidad y la confianza social.

Sobre los que administran la justicia, hay que asegurar su probidad y rectitud –hoy muy cuestionada–, su capacidad técnica –también en duda. Y la eficiencia del sistema todo. Pero sobre todo, hay que garantizar el principio de la igualdad ante la ley, y su aplicación literal, reduciendo todo lo posible los márgenes de su interpretación.

En cuanto a quienes deben cumplirla, hay una tarea necesariamente larga y compleja, educativa y cultural, para restablecer en las conciencias este principio básico de la convivencia, hoy muy relativizado. En lo inmediato, hay que mejorar sustancialmente la capacidad del Estado para detectar incumplimientos y sancionarlos. Esto lleva a una cuestión derivada, muy urgente: establecer con claridad cuál es el uso legítimo de la autoridad y de la fuerza, frecuentemente cuestionado en nombre de los derechos personales, y encontrar el imprescindible equilibrio.

Cerrar la brecha cultural e ideológica: la Argentina padece el dominio hegemónico de una interpretación cerrada del país, su pasado y su futuro, unanimista, intolerante y facciosa, que alimenta la conflictividad cotidiana. Solidamente arraigada en el sentido común, se difunde a través de la escuela, los museos, los medios de comunicación públicos, y hasta Wikipedia, medios en los que el Estado ha hecho mucho por instalarla durante los años kirchneristas.

No enfrenta una competencia equivalente, pues por fuera de ella existen muchas corrientes críticas fundadas en los valores del pluralismo y la argumentación, que por definición carecen de capacidades confrontativas. Cambiar las cosas es una tarea de la sociedad y no del Estado, pues no se trata de reemplazar una versión por otra sino de abrir los temas a la conversación y el debate. Al Estado le corresponde observar si se mantienen cotos cerrados en sus agencias educativas y culturales, y abrirlos a la circulación y el debate de ideas. Sobre todo, debe sustentar en todos los ámbitos los valores del pluralismo y la controversia argumentada. Solo así le será posible a la sociedad comenzar a cerrar la brecha ideológica que hoy la afecta.

Publicado en Clarín

Etiquetas: Brecha cultural, Estado, Estado de derecho

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