Luis Alberto Romero

artículo publicado

6 de septiembre de 2015

Cómo era la Argentina el año que nació Clarín

A 1945 se lo recuerda como un año dramático y decisivo en nuestra historia política. Pero la vida cotidiana, que tiene su propio ritmo, no se alteró demasiado. La sociedad argentina venía experimentando una callada y sostenida transformación, iniciada a fin del siglo XIX con la inmigración masiva, que había madurado en formas estables de vida. Ajena a las catástrofes del mundo, era una sociedad sin grandes conflictos, integrada, democrática y móvil. No había en ella compartimentos estancos sino una escalera, que cada uno podía subir paso a paso, o ayudar a sus hijos a hacerlo.

El país tenía empleo para todos, en especial en las ciudades, sus nuevas industrias o los variados trabajos urbanos. Con un sueldo regular y un ahorro era posible salir del conventillo o de la pensión y tener casa propia. Desde 1900, gracias a los tranvías y a los colectivos, los trabajadores pudieron vivir en barrios y suburbios, aprovechando los grandes loteos, donde se se ofertaban terrenos en cuotas accesibles. Luego, algunos recurrían a un maestro de obra, en general italiano, para construir su casa. Quien no tenía medios podía iniciar personalmente la construcción, trabajando con su familia los fines de semana. Aunque muchos alquilaban su vivienda, la casa propia fue el signo de la estabilidad y el primer paso del ascenso.

En el tranvía que los llevaba al trabajo, muchos obreros y empleados leían el diario. Fue un logro de la excelente educación pública, que integraba en el aula a gentes de orígenes diversos. Los diarios se ocupaban de política, crímenes y deportes y tenían una sección cultural. También se leían libros baratos, de venta masiva, cuyos títulos iban desde las novelas de amor a los grandes clásicos.

Ambos mundos también compartían sus diversiones, los domingos o los sábados a la tarde, desde que se generalizó el sábado inglés. La jornada de trabajo se fue reduciendo, aumentó el tiempo libre y la oferta de entretenimientos masivos. El fútbol se convirtió en un gran espectáculo, que apasionó a ricos y a pobres, al igual que las carreras de caballos. El cine desplazó al teatro como el gran entretenimiento de familias y parejas. El sábado a la noche era el momento de “ir al centro”, a un cine, un restaurante o un café de tango, para escuchar a Troilo o Pugliese. En cualquiera de esos lugares se mezclaba gente de orígenes, riquezas y costumbres variadas.

Otro de los grandes entretenimientos era la radio. Un receptor estaba al alcance de cualquiera que tuviera un empleo. La radio ocupó el centro del hogar, donde reinaba la madre, que pudo dejar de trabajar, cuidar la casa y criar los hijos. Programas populares, como Los Pérez García, consolidaron un estilo de vida común y los noticieros abrieron una ventana al mundo. Las grandes emisoras llegaban con sus redes a todo el país. Porteños y mendocinos podían seguir a Fangio y los Gálvez en el Turismo Carretera. La radio hizo que el tango y el folclore se convirtieran en las dos vertientes de la musica nacional. La radio, finalmente, acercó a los políticos populares a su público nacional.

En la sociedad había tensiones. En la década de 1920 Yrigoyen desató las pasiones de sus seguidores y enemigos. Los años 30 fueron tranquilos en lo interno, pero desde 1936 la Guerra Civil Española, seguida de la Segunda Guerra Mundial, dividió la opinión en partidarios y enemigos del fascismo. Unos y otros ganaron la calle, anticipando las grandes manifestaciones de 1945.

Ese año emergió otra parte del país, que no había entrado en escena hasta entonces. En torno de las grandes ciudades habían surgido industrias para suplir la demanda de productos importados. Muchos chacareros y peones, afectados por la crisis de 1930, emigraron a las ciudades, y comenzaron a surgir, alrededor de las fábricas, nuevas barriadas. Sus moradores no acostumbraban a frecuentar el centro ni a disfrutar de sus comodidades. El 17 de octubre de 1945 fueron a la Plaza de Mayo.

Desde entonces la vida cotidiana comenzó a cambiar. Más gente frecuentó plazas y parques, cines, restaurantes y canchas. Todos deseaban sumarse al disfrute de los beneficios de una sociedad relativamente próspera, que siempre tenía lugar para uno más, aunque el resto tuviera que apretarse. La nueva sociedad fue similar a la anterior, pero mucho más democrática. Muchos descubrieron las ventajas de esta transformación; por ejemplo los grandes diarios, cuyos tiradas aumentaron gracias a los avisos clasificados, que atraían a quienes buscaban trabajo.

Publicado en Clarín

Etiquetas: La radio y los diarios, Ocio y cultura popular, Sociedad democrática

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