Luis Alberto Romero

artículo publicado

2 de abril de 2003

El historiador, el periodista y el sociólogo

Los historiadores deberíamos ocuparnos de la historia reciente, pero en nuestro país pocos lo hacemos. Sin embargo, a falta de historia hay disponible otra literatura sobre el presente: los libros periodísticos y los que escriben sociólogos, economistas y politicólogos. Son géneros con su propio sentido, utilidad y legitimidad. ¿Sustituyen a los libros de historia?

El libro de investigación es una variante específica del periodismo. Muchos de ellos son buenos, y algunos, insustituibles. Personalmente, mi comprensión del pasado reciente debe muchísimo a Horacio Verbitsky, María Seoane y Joaquín Morales Solá. Se admira en ellos la búsqueda infatigable de la información, mucho insight sobre cosas complejas y, sobre todo, la capacidad para hacer de la realidad algo tangible y dramático. El historiador, que se entusiasma con esa información, en definitiva la usa poco, pues no puede verificarla. Un buen investigador periodístico controla sus fuentes, pero también las protege y oculta. En un libro -algo distinto de una columna- difícilmente pueda limitarse a los hechos duros y lo que sabe con certidumbre lo completa con lo que infiere, imagina o intuye. Pero no consigna estos matices y toda su información se presenta con el mismo nivel de certeza.

Para un historiador, en cambio, es esencial que otros puedan evaluar la calidad de su evidencia. El historiador indica el origen de su información, critica sus fuentes de manera explícita y señala hasta dónde son creíbles; si llena las lagunas con suposiciones, hipótesis o imaginación, lo consigna en sus notas al pie. La “erudición” -muchas veces farragosa- sirve para que otros controlen su trabajo, en particular sus colegas.

En los libros de investigación periodística, a menudo la masa de información se organiza en torno de ideas de sentido común, inclusive el discepoleano “el mundo fue y será una porquería”; de opiniones, en suma. Todos opinamos, incluso los historiadores, pero cuando practicamos nuestro oficio empezamos por someter nuestras opiniones, nuestro sentido común, a la crítica: la nuestra y la de los otros. Sólo después de pasar por esta doble crítica, a las fuentes y a las interpretaciones, el libro puede considerarse terminado.

El análisis teórico, la carencia del cual suele debilitar los libros periodísticos, caracteriza, en cambio, la producción de sociólogos, economistas y politicólogos. Estos son los responsables, de hecho, de casi todo lo valioso escrito sobre la Argentina de las tres o cuatro últimas décadas: sería difícil entender el país sin Aldo Ferrer, Gino Germani o Guillermo O´Donnell. Los científicos sociales trabajan de una manera distinta de la de los historiadores y logran resultados más rápidamente. Su profesión los hace duchos en la elaboración conceptual: avanzan con sus categorías y clasificaciones sobre el terreno de la realidad reciente y construyen puentes, provisorios pero útiles.

En medio de cada uno de nuestros ciclos históricos, ya antes de su culminación, los científicos sociales nos han dado una clave para entenderlos, quizás efímera pero útil para seguir pensando. Los historiadores hemos aprendido mucho de ellos; sobre todo, a hacer de nuestra profesión algo menos toscamente empírico. Pero a veces encontramos en sus obras una cierta tendencia clasificatoria, que los lleva a preocuparse por encasillar la realidad en alguna de las variantes teóricas formuladas, antes que a entenderla en sí misma. Otras veces encontramos un uso un poco instrumental de la evidencia empírica, que parece seleccionada para confirmar o ilustrar el modelo.

EXPLORAR TODAS LAS POSIBILIDADES

Nuestro trabajo nos lleva mucho más tiempo. Exprimimos todas las fuentes posibles, y examinamos los datos con hipótesis sólo provisorias, que cambiamos permanentemente. No quedamos contentos hasta no haber explorado todas las posibilidades, las que primero nos parecían ciertas y aquellas que las contradecían. Solemos ser más eclécticos en lo conceptual (es difícil que una teoría se amolde a todas las curvas de la realidad) y nuestras conclusiones son más matizadas, menos estilizadas y menos contundentes. Alguna vez argumenté que esta manera de mirar la realidad, en que los grises predominan sobre los blancos y los negros, no sólo tiene su legitimidad científica -tanta como la del científico social- sino su utilidad ciudadana: no es bueno que una sociedad mire su presente y su pasado en términos de blanco o negro.

Para los historiadores, las ciencias sociales y el periodismo de investigación abren el terreno y producen el primer borrador, el draft de una versión más propiamente historiográfica. Con una metáfora militar, hacen el trabajo de las columnas blindadas, y los historiadores, el de la infantería. Sólo que hacerlo así, con seriedad, lleva su tiempo, y los historiadores estamos siempre un poco retrasados respecto de las preguntas del presente. Ese es nuestro problema: debemos solucionarlo.

Publicado en La Nación

Etiquetas: Investigación periodística, Sociología

Volver a artículos de periodismo

Últimos artïculos publicados

25 de octubre y 1 de noviembre de 2020

El ciclo peronista del kirchnerismo

¿Es peronista el kirchnerismo? ¿Cuál es la relación entre el kirchnerismo y el peronismo? Son conocidas las opiniones poco favorables de Cristina Kirchner sobre Perón y el PJ. Pero a la vez, el...

Publicado en Los Andes

24 de octubre de 2020

Historia global: una amplia manera de leer el pasado detrás de los libros

Stefan Rinke, profesor de la Universidad Libre de Berlín, investigó el impacto de la Primera Guerra Mundial en América Latina desde el punto de vista de la novedosa “historia global”. Su agenda...

Publicado en La Nacion

27 de Septiembre de 2020

Sorel y sus reflexiones sobre la violencia

Luis Alberto Romero Con “Reflexiones sobre la violencia”, publicado en París en 1908, Georges Sorel (1847-1922) abrió la discusión sobre una de las claves del pensamiento político del siglo...

Publicado en Los Andes

Buscar artículos por temas

Luis Alberto Romero
© 2014