Luis Alberto Romero

artículo publicado

27 de abril de 2014

El prestigioso historiador Luis Alberto Romero visitó nuestra ciudad

Brindó una charla abierta a la comunidad en la tarde del martes, en el SUM de los Institutos Parroquiales. Minutos antes dialogó con nosotros.
Por Ana Tamagno para eldolorense.com

La convocatoria, que fue un éxito de público, se extendió entre las 19 y las 21hs., espacio de tiempo durante el cual, además de la exposición central a cargo de Romero, se generó un interesantísimo debate en torno al rol del Estado a lo largo de la historia, del valor de las instituciones, de la democracia y sus distintas formas, del sistema educativo, de la necesidad de ejercer ciudadanía, y de los efectos de la crisis de 2001 sobre la visión que el pueblo tiene de la política, entre otros temas que lograron captar intensamente la atención del público, a tal punto que con el salón colmado de participantes, por momentos parecía que no volaba ni una mosca.

Romero, en esta oportunidad, fue invitado a Dolores por Verónica Meo Laos, quien fuera su alumna hace algunos años, y con quien quedara una grata amistad tangible en esta, su segunda visita a Dolores. No es fortuito que la difusión de este evento circulara con tanto alcance en la comunidad, convocando por ello a un enorme número de participantes: el historiador, además de tener vasta trayectoria en el ámbito académico, es conocido por todos pues ha sido autor de libros fundamentales de la formación universitaria y terciaria, como la “Breve Historia Contemporánea de la Argentina”, por citar sólo alguno. Romero, quien se ha desempeñado como investigador del Conicet y ha recibido la Beca Guggenheim, es además muy reconocido por sus frecuentes colaboraciones en distintas publicaciones y diarios, que lo mantienen constantemente cerca de su público.

Previo al evento, conversando con El Dolorense, se explayó sobre distintos temas:

-¿Cómo ve la formación docente?

-Hoy yo no estoy tan cerca como lo estuve hace algunos años, como para decirle algo lo suficientemente autorizado, pero puedo decirle que los docentes son los alumnos de hace un tiempo atrás, de modo que lo que le sucede a las escuelas y a los institutos de formación es lo que le sucede a la educación en general. Los docentes van teniendo cada vez menos formación, no son ángeles venidos para redimir a los niños, son ellos también producto del contexto. De ahí que sea tan difícil y tan a largo plazo generar un cambio.

-¿Qué piensa del modelo educativo actual?

-Desde mi experiencia, tras haber pasado por distintas formas curriculares, y capacitaciones, etc. Pienso que desde arriba lo que puede hacerse por los docentes es bastante limitado. Para bien y para mal. Así que, hoy por hoy, no estoy seguro de que haya categóricamente modelos educativos de los cuales hablar. Lo que sí veo, particularmente, es a la Provincia de Buenos Aires -que creo que es el 40% del sistema de la Nación- y veo que hay un gran énfasis puesto en la inclusión, en la idea de que todos tienen que estar adentro del sistema, no sólo como alumnos sino también para que la escuela cumpla con otras funciones sociales, que otras agencias del Estado no están haciendo. Entonces, en un sentido resulta exitoso lo de tener a los chicos adentro, que por supuesto es mejor a que estén afuera. Pero en otro sentido es desastroso, porque si se trata de tenerlos adentro a cualquier precio se sacrifican las otras funciones de la escuela. Un tema, por ejemplo, es acerca de cuántos alumnos pueden no aprobar. Si el docente se pasa de una cierta cantidad viene un inspector a preguntar por qué el maestro o profesor están cumpliendo mal con su tarea, razón por la cual nadie quiere no aprobar a los alumnos. Y la verdad que el examen y la aprobación es casi la esencia del sistema educativo. Si no, es estar cinco años e irse con un título, y de ese modo no ha pasado nada.

Por otro lado me doy perfecta cuenta del contexto social y veo que por suerte la escuela se ocupa de contener a los chicos, y por eso pienso que no alcanza sólo con arreglar la escuela. En un estado que funcione más o menos, la escuela tiene que volver a ser una formadora exigente, que le ponga objetivos a los chicos. Si alguno no los alcanza, se deberán pensar sistemas de recuperación, pero debe haber exámenes y exigencia, ¿no? La idea de que no es fácil, de que uno tiene que esforzarse y trabajar para aprender. No es sólo el hecho de irse con el certificado.

Será un poco por mi edad, pero todas las reformas educativas que van por el lado de entretener al niño, y competir con la televisión, y hacer mordisquetas, no es eso lo que corresponde. Porque para el chico el mundo de la televisión o de la computadora es más atractivo, pero la escuela siempre fue a contracorriente, y precisamente no es su función la de entretener.

-Usted suele hablar de la necesidad de construir ciudadanía, como historiador y docente, ¿cómo ve la función del estudio de la historia en este proceso?

-Hay una vieja idea que siempre se critica, de que la historia es la maestra de la vida. Se pensaba que uno leía lo que habían hecho los grandes hombres y tenía ahí modelos para imitar. Es evidente que no es así. Pero en otro sentido la historia ayuda a entender, primero, que el presente tiene una perspectiva, que uno no puede leerlo como una fotografía sino como una película, un desarrollo, que viene de un lado y va hacia otro. Y lo segundo, es que el presente es muy complejo, y que entenderlo significa por lo menos tener en cuenta que hay cuestiones económicas, culturales, políticas, y que lo que pasa es el entrecruzamiento de todo eso. Yo le diría en ese sentido que la historia ayuda a leer bien el diario, lo cual es una frase espantosamente antigua pero forma parte de los cánones. En todo caso lo que quiero decir es que la historia ayuda a comprender lo complejas que son las cosas

-Que ningún fenómeno es algo que surge espontáneamente, en el ahora.

– Exacto. Y el primer paso de la sabiduría es darse cuenta de que las cosas son complejas y no reducibles a una frase.

-Ya que hablamos de procesos y hechos en el tiempo, usted escribió un libro llamado “La larga crisis argentina…”, ¿una crisis puede extenderse sostenidamente en el tiempo, o sólo ser cíclica y repetirse esporádicamente?

-“Crisis” es una palabra que se usa, efectivamente, en los dos sentidos, se usa como algo cíclico, o se usa como por ejemplo cuando uno habla del Imperio Romano y dice que inició una decadencia de dos siglos. Las palabras cuando tienen tantos sentidos, son tan polisémicas, que como palabras resultan más estimulantes que técnicas. Yo lo que quise decir en ese libro es que la Argentina cambió de una manera sustancial en los años setenta. Confieso que tiene que ver con mi edad y con que yo viví bastante de antes y bastante después, y que tengo en mi cabeza muy claro ambos países, y me parece que esta década es el giro en un montón de cosas, pensando en que la década del setenta tiene una primera mitad, que es la de la efervescencia revolucionaria, y una segunda mitad que es la dictadura. Mirándolas a las dos juntas me parece que lo que había sido un país, no excepcional, pero que andaba regularmente bien, se destruyó.

-Esto en una mirada retrospectiva, ¿y en una mirada hacia adelante, qué perspectiva ve para la Argentina?

-Hay una frase muy citada: “está el pesimismo de la razón y el optimismo del corazón”. El optimismo del corazón es el que hace que una persona intente cambiar las cosas aún sabiendo que es muy difícil que cambien. Yo te diría que la Argentina está en un grado tal de funcionar mal que para que funcione mejor, para que apreciemos la diferencia, hace falta muy poco. Luego aparecerán los problemas de fondo que debemos discutir, pero poner en caja al país, las instituciones, la macroeconomía, es factible. Y yo creo que hay una cantidad enorme de gente que está de acuerdo en cuáles son las cosas básicas que habría que hacer. Y a diferencia de lo que ocurría allá por la época del ’83, cuando también tuvimos esa esperanza, la Argentina no está estrangulada económicamente ni mucho menos. En la década del ochenta y del noventa no teníamos salida. Hoy, la explosión del campo permite pensar que hay una salida por ese lado, que siempre es importante. Lo que hay que hacer es encontrar cómo aprovecharlo. Esto, quiero decir, es una condición necesaria pero no suficiente. Es bueno saber que no estamos condenados a la hiperinflación como estábamos en los noventa, con la amenaza de la híper, pero hay una tarea enorme de ordenamiento por delante, y el mayor problema, creo, es que hay una gran parte del país que se las arregló para vivir en este desorden. Para que no suene tan abstracto le doy un ejemplo: La Salada. Una especie de súper feria en negro, donde se vende mercadería falsificada, muy barata, nadie paga los impuestos, y hay un montón de gente que compra porque es una oferta muy atractiva. Esto tiene un costado que es delictivo, y otro que es funcional a como es el país. Cómo reabsorber eso y ordenarlo, significa perjudicar a mucha gente que encontró en eso como resolver su vida. Entonces, ahí hay un problema muy grande de esos que requieren mucha destreza política. SI uno quiere mandar la topadora va a producir un levantamiento, ¡y justificado! Pero tampoco puede dejarse así librado porque está muy vinculado a las mafias, al narcotráfico, así que son ese tipo de cosas que requieren mucha muñeca política y mucho respaldo de la sociedad.

Ya que menciona este caso, y para volver al eje de su visita, por estos días se habla mucho del “Estado” pero con distintas concepciones. A veces se asocia a gobierno, a veces a institituciones, a veces al pueblo, ¿cómo lo define usted?

Justamente, es una distinción muy importante. El gobierno, gobierna al Estado. Es un auto y es conductor. El gobierno es el que conduce, lo que está antes y después es el Estado, que son las instituciones, los empleados públicos, que son muy importantes, son los que hacen al Estado porque precisamente son quienes hacen las cosas: los funcionarios, los docentes… Entonces, que todo eso tenga estructura, continuidad, que tenga reglas, es fundamental para que el país ande. Yo creo que uno de los signos más evidentes de los problemas actuales es que el gobierno tiene una libertad muy grande, que no sigue ninguna regla, no tiene nadie que le ponga freno, entonces el Estado está muy empequeñecido ahora. Pero es reversible, por supuesto. Si no pensara que lo es no estaría aquí y ahora hablando de esto.

Publicado en eldolorense.com

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