Luis Alberto Romero

artículo publicado

17 de diciembre de 2016

Explosión ideológica en América del Sur

La historia de la Generación del 37 ha sido contada muchas veces: las grandes figuras –Esteban Echeverría, Juan Alberdi–, sus lecturas europeas, los jóvenes que los rodearon, el largo y productivo exilio. Horacio Tarcus la reescribe de una manera novedosa. Las ideas originarias se examinan en una doble dimensión –la recepción local y la recreación–, y se vinculan las trayectorias de sus autores, los libros, periódicos o revistas en que circularon, y los ámbitos sociales en los que se discutieron. Dentro del conjunto multiforme de ideas de entonces, Tarcus selecciona una corriente, el socialismo romántico, cuya trayectoria se propuso seguir hasta 1880 y, probablemente, más allá aún.

El punto de partida es la explosión ideológica en la Europa de las revoluciones liberales y nacionalistas de 1820, 1830 y 1848. Entre los intelectuales de entonces, o “profetas”, hubo liberales, constitucionalistas, demócratas, federalistas, centralistas, utópicos, pragmáticos, eclécticos y hasta seguidores del joven Marx. Junto con el rechazo de la despótica Restauración, aparece la crítica al incipiente capitalismo competitivo, cuyos negros contornos dibujó en sus novelas Charles Dickens.

En el torbellino romántico de ideas surge un término singular: “socialismo”. Los socialistas proponían una alternativa al liberalismo. Lleno de matices –están los católicos sociales, como Lamennais, los utopistas como Saint-Simon y Fourier, o los humanistas, como Pierre Leroux– se esboza allí el horizonte de un mundo nuevo, que prolonga los valores de la igualdad y la fraternidad en el nuevo principio de la solidaridad.

Echeverría y sus amigos de la Joven Generación leyeron todo eso y se preguntaron para qué servían esas ideas en un Río de la Plata con dos ciudades mercantiles y cosmopolitas rodeadas de estancias y mataderos, donde una pertinaz lucha facciosa dividía a unitarios y federales. Ellos realizaron ese pequeño milagro eucarístico –propio del mundo de las ideas– de leer todo, decodificarlo, darle un nuevo significado, adecuado a una realidad singular, y construir con él un programa de acción.

Esa intención informa el Dogma Socialista, escrito inicialmente en 1838, así como los innumerables artículos periodísticos de Alberdi, Gutiérrez o Sarmiento, que recibió el influjo en la lejana San Juan. En Buenos Aires, en Montevideo y también en Santiago de Chile surgieron ámbitos de lectura, discusión, y difusión: los periódicos, las librerías, con sus gabinetes de lectura, las tertulias en cafés, las sociedades más o menos secretas, eran espacios donde las ideas se transformaron en propuestas políticas.

Horacio Tarcus reconstruye, con la formidable erudición que caracteriza todos sus trabajos, la genealogía de esta idea socialista, que con un cuidadoso análisis separa del torrente general. Demuestra el extendido conocimiento de Fourier o Leroux. Reconstruye la sociabilidad porteña y montevideana, mucho más activa en tiempos de Rosas, y avanza un poco con la de Santiago de Chile, donde los rioplatenses continuaron sus debates e hicieron sus primeras experiencias de política aplicada. Aquí quizá podría haber incluido a la Sociedad de la Igualdad de 1850, socialista y romántica, que reunía a intelectuales y artesanos.

También estudia el mundo de los editores, traductores, tipógrafos y libreros, que son parte del universo de lectores y militantes. Hurga en la vida de personajes poco conocidos, como Eugene Tandonnet, célebre como compañero de Sarmiento en el viaje a Europa, o el oriental Marcelino Pareja, un precursor en la enseñanza de la nueva economía. Sobre todo, pone en valor el trabajo de interpretación y adecuación de estas ideas que, como señaló José Luis Romero, forma parte legítimamente de la creación intelectual.

La historia de la Generación del 37 aparece así renovada, con nuevas facetas y con una perspectiva original. Pero el núcleo del trabajo de Tarcus está en la detección, dentro del conjunto de ideas, del llamado “socialismo romántico”, víctima de una doble desconsideración: en Europa, Karl Marx y sus seguidores lo calificaron como “utópico” y poco “científico”; aquí lo hemos subsumido dentro del torrente general del gran proyecto de construcción del país posterior al año 1852.

Tarcus inicia un trabajo que culminará en un segundo volumen, sobre el período 1852-1880, cuando nuevas ideas y nuevos emigrados –menciona a socialistas y masones– fortalezcan y amplíen el impulso socialista inicial. Subraya estos caracteres de la corriente inicial del socialismo argentino, que tuvo un fuerte componente democrático, humanista y progresista, en el que la dignificación del obrero acompañó a la de la mujer y a la valoración de la democracia, la educación y el laicismo. Esta tradición, que forma una base antes de la recepción del marxismo, permite entender el singular socialismo de Juan B. Justo, Nicolás Repetto y Alfredo Palacios. Quizá sea prematuro afirmarlo, pero hacia allá parece conducir este excelente libro de Tarcus.

Publicado en Revista Ñ

Etiquetas: Europa y Río de la Plata, Generación de 1837, Horacio Tarcus, Socialismo

Volver a artículos de periodismo

Últimos artïculos publicados

11 de febrero de 2018

En busca de la revolución que no fue

En 1936 Eric Hobsbawm –19 años, comunista y aprendiz de historiador– viajó a España en bicicleta, para ver qué pasaba y eventualmente sumarse al bando republicano. En la frontera fue detenido,...

Publicado en Clarín

4 de febrero de 2018

Triaca, entre los “justos” y el Gobierno

Con el “caso Triaca” hemos podido constatar la fuerza que tienen entre nosotros los principios republicanos, y particularmente los relativos a la virtud del gobernante. Ha sido un aprendizaje...

Publicado en Los Andes

25 de enero de 2018

Siempre hubo tiranías, y también repúblicas

En su libro póstumo Democracia, república, oligarquía, Osvaldo Guariglia nos presenta al gran filósofo, fallecido en 2016, en su doble faceta de analista riguroso y de polemista ciudadano. Guariglia,...

Publicado en Clarín

Buscar artículos por temas

Luis Alberto Romero
© 2014