Luis Alberto Romero

artículo publicado

15 de febrero de 2012

Lo que hay que revisar en serio es el revisionismo

El Revisionismo histórico insiste, una y otra vez, con que hay que revisar la “historia oficial”. Pero en realidad, l o más urgente es revisar al propio Revisionismo . En sus orígenes, en los años treinta u cuarenta, supo ser una corriente innovadora, creativa y desafiante. Hoy queda poco más que un conjunto de muletillas y consignas, anquilosadas y repetidas hasta el hartazgo por mercenarios del pasado . Hay que revisarlo, y urgentemente. No por razones científicas, pues se puede ignorar esta literatura menor y pasquinesca. Son razones políticas, y serias: el revisionismo, convertido en la verdadera “historia oficial”, alimenta lo peor y más enfermo de la cultura política argentina.

Los revisionistas declaman contra una versión del pasado que ya no existe; sólo queda la parodia que ellos hacen. Los textos escolares no llaman a Rosas tirano ni a los caudillos bárbaros. Rivadavia, Urquiza, Mitre, Sarmiento o Roca son considerados con sus méritos y deméritos. Nadie defiende en la escuela una versión maniquea del pasado, salvo la del nuevo maniqueísmo revisionista, que hoy las autoridades educativas llevan a las aulas, el Estado difunde a través de sus canales televisivos y el Instituto Dorrego investigará. Esa es hoy la única “historia oficial”.

Los revisionistas afirman que mostrarán la “historia verdadera”, oculta con intenciones inconfesables.

¿Existe una historia verdadera? Cualquiera que lea los diarios sabe que de cada suceso no hay dos versiones sino varias . Y si se pretende ir más allá del suceso estricto y reconstruir un proceso histórico largo y complejo, las explicaciones serán muchas, convergentes y divergentes, cada una con algo que aportar. En cuanto a “lo verdadero” que anuncian, hay mucho “pescado podrido”: suelen limitarse a difamaciones panfletarias y a trivialidades conocidas, tomadas del Billiken.

Nos dicen que la historia fue siempre escrita por los “vencedores” y que ellos contarán la historia de los “vencidos”. Aquí hay algo de miga: los relatos históricos se relacionan con percepciones e intereses de distintos actores sociales y políticos. El gobierno actual construye un relato, que deberíamos catalogar como “de los vencedores” -al menos, se han impuesto en tres elecciones presidenciales-, pero que sin duda ellos preferirán ubicar entre los de los “vencidos”.

Es cierto que hay combates por la historia. Pero son muchos y no uno, único y eterno . Sólo un vigoroso maniqueísmo puede reducir los procesos históricos, largos y complejos, a una sola batalla. Los vencedores de hoy serán con seguridad los vencidos de mañana, o los aliados y compañeros de los nuevos vencedores. El conflicto entre Saavedra y Moreno no tiene nada que ver con los actuales. En cuanto a Rosas, si viviera hoy es probable que fuera muy prudente con las Malvinas, aunque seguramente daría interesantes consejos sobre reelecciones. Pero la mejor lección sobre lo cambiante de los alineamientos está en el día después de Caseros, cuando los rosistas acérrimos descubrieron que habían vivido bajo una tiranía .

En el fondo, existe en el revisionismo una idea que remonta al romanticismo del siglo XIX y es hoy familiarmente conocida como nac and pop. Hay una confrontación eterna entre dos protagonistas: el pueblo y sus opresores .

El pueblo, que es también la nación, porta una esencia eterna e inalterable. Un alma popular -también llamada “ser nacional”- unifica las montoneras federales, el pueblo peronista de 1945 y los actuales movimientos sociales de pobres. Hay muchas maneras de construir estas líneas, pero siempre aluden a un mismo sujeto, popular y nacional.

Su unidad es fortalecida por su enemigo.

Como el Demonio, tiene muchas apariencias pero es uno, eterno e inmutable. Se trata de los poderosos, la anti patria, el imperialismo.

A la Presidenta le gusta trazar esas líneas. Por ejemplo, entre los vencedores de Caseros y sus propios enemigos . Alguien dirá que los de hoy no son exactamente los mismos que los de hace un año, pero en la concepción nac and pop, que es conspiracionista y paranoica , esto es un detalle menor. Se trata de “el” enemigo, siempre conspirando contra el pueblo y contra la Nación.

No tomemos estas cuestiones con liviandad. Es cierto que no resisten ni a la lógica ni a los hechos. Pero tienen algo que toca directamente a los sentimientos y a las pasiones.

El mismo conspiracionismo que alimenta los folletines y telenovelas tiene éxito en los relatos históricos.

El problema está precisamente en su popularidad . El revisionismo histórico ha construido una versión de la historia argentina fantasiosa pero bien vendida. Ha arraigado en el sentido común, y forma parte de lo que la mayoría cree natural y evidente. Suministra las palabras y las imágenes que acuden automáticamente, antes de reflexionar.

Esa es hoy la verdadera historia oficial.

Si se rasca con la uña a cualquiera de sus adeptos, brotan inmediatamente los eslóganes y consignas del populismo nacionalista, con sus héroes y sus villanos. Si se frota más enérgicamente, como Aladino con su lámpara, aparece el “enano nacionalista”. Y si se lo convoca a la Plaza para defender una guerra absurda, allí está. ¿Cómo no se ha movilizar el pueblo en contra del enemigo de la Nación? El 2 de abril de 2012 se cumplen treinta años de una de sus manifestaciones más espectaculares. Es hora de que revisemos críticamente la historia oficial revisionista.

Publicado en Clarín

Etiquetas: Enemigos de la nación, Revisionismo histórico, Ser nacional

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