Luis Alberto Romero

artículo publicado

Julio de 2020

Miguel Ángel De Marco: Quiroga.

Desde que Sarmiento hizo de Facundo Quiroga el arquetipo de su “historia profunda” -al decir de José Luis Romero-, la persona singular se esfumó tras de su mito, que transitó las polémicas ideológicas y políticas del siglo XX.

Con su sólido oficio de historiador, y una pluma ágil y atractiva, Miguel Ángel De Marco nos presenta un Quiroga verosímil, en una reconstrucción asentada en la documentación y contextuada en las costumbres y valores de su tiempo. El conjunto es quizá menos fascinante, pero sin duda más útil para entender esa etapa de la historia argentina.

En su rica correspondencia personal -editada por el Instituto “Ravignani” de la Universidad de Buenos Aires- se revela uno de los aspectos característicos de la personalidad de Quiroga: el inescindible entrelazamiento entre lo personal y lo público. En 1832 justificó ante Rosas sus diferencias con Estanislao López en el robo por el “gaucho ladrón” santafesino de un caballo que el riojano apreciaba mucho.

Quiroga fue toda la vida un hacendado y comerciante de ganado, y trajinó una extensa región que posteriormente recorrería a la cabeza de sus llaneros, arrasando y saqueando. Además, fue un apasionado del juego y las apuestas, un ludópata. Ejerció con gusto el cargo de comandante de milicias y oficial reclutador, que se complementaba bien con sus tareas empresarias, pero se negó terminantemente a ser gobernador, pese a que era el hombre más poderoso de La Rioja.

La fractura política de 1820 lo llevó a involucrarse en cuestiones militares y políticas regionales; sus negocios lo llevaron a vincularse con un comerciante porteño, Braulio Costa, y a interesarse por la política nacional. En 1831 había asumido el liderazgo de las provincias interiores, e integró con Rosas y López el triunvirato a cargo de la organización del Estado. No entendía casi nada de lo que estaba en juego y lo que había que decidir. Tampoco entendió los peligros aparejados por su elevada posición, que lo llevaron a Barranca Yaco. 

De Marco subraya tres aspectos personales: su natural bonhomía -perdida luego en el fragor de los combates-, su apego a la familia y,   finalmente, su profunda religiosidad, que explica aquello de “Religión o muerte”. Sobre esta y otras cuestiones controversiales, De Marco expone sus pruebas y abre la posibilidad de otras lecturas, con lo que completa el repertorio de virtudes de una buena biografía.

Luis Alberto Romero

Publicado en Buenos Aires, Emecé

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