Luis Alberto Romero

artículo publicado

16 de noviembre de 2015

Ocupó el centro del ring


El domingo a la tarde, en el respaldo del taxi en que viajaba, había pegado un volante de propaganda del Frente para la Victoria: diez medidas positivas, que no habrían sido apoyadas por el PRO. Lo que leí resultó ser el índice preciso de lo que dijo Daniel Scioli a la noche.

Ninguna sorpresa, salvo una: haber pasado de la enumeración de medidas -estatización de YPF, de Aerolíneas, de las AFJP- a la idea más general de que en estos doce años, junto al pueblo había habido un Estado fuerte que Mauricio Macri se proponía destruir. Scioli lo dijo enfáticamente, en lo que me parece fue su distanciamiento más notable de la realidad y la inmersión más profunda en la fantasía.

La sistemática destrucción del Estado -nacional y provincial- ocurrida en estos doce años, con la bandera de la estatización, es demasiado evidente como para negarla. Allí están los trenes que chocan, las escuelas que no enseñan, los hospitales sin medicamentos, las tierras inundadas, el empleo estancado desde hace cuatro años, la inflación desatada, la ANSES vaciada o Aerolíneas Argentinas convertida en un agujero ciego. Los efectos de la pésima gestión están a la vista y no se disimulan con un “estatismo” que no es mágico. Para hacer intervenir al Estado hay que saber hacerlo.

La respuesta de Macri pudo haber sido mucho más contundente. No sólo no hay nada “privatista” en su gestión como Jefe de Gobierno, sino que sus logros más reconocidos -desde el Metrobus a la puesta en valor de la educación- han tenido como instrumento el Estado y como objetivo lo público. Apenas mencionó que la educación y la salud de la ciudad deben soportar la demanda de quienes vienen a buscar allí lo que la provincia no les da.

Diría que Macri le perdonó un poco la vida. Quizá formó parte de su estrategia discursiva, que funcionó bien: como candidato mejor posicionado, ocupó el centro del ring, lanzó sus estiletazos y eludió casi todas las embestidas ciegas de un contrincante que sigue sin encontrar su lugar, entre identificarse y diferenciarse del gobierno que termina. Por momentos, el debate Macri me recordó a Nicolino Locche en alguna de las históricas peleas.

Se ha hablado de falta de ideas, esa muletilla de quienes se identifican como intelectuales. ¿Qué otra cosa podía esperarse con esos temarios enciclopédicos, a responder en dos minutos? Los organizadores quizá podrían haber recurrido al viejo método del bolillero, eligiendo una pregunta absolutamente precisa y sin escapatoria.

Publicado en Infobae

Etiquetas: Debate presidencial, Macri, Scioli

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