Luis Alberto Romero

artículo publicado

6 de febrero de 2013

Para recuperar la sociedad integrada que fuimos

“Antes de disgregarnos”. Así tituló José Luis Romero un breve artículo, publicado a mediados de 1975. Su tono, tan dramático como el título, reflejaba el momento de angustia, por la crisis política y la violencia desatada. Sin embargo, en una segunda línea, aparecía su recurrente “optimismo de largo plazo”. En 1975, en medio del festival de cadáveres, señalaba que el largo proceso de integración de la Argentina aluvial, iniciado a fines del siglo XIX, finalmente estaba llegando a su término.

Todo se había sedimentado, cada uno estaba en su lugar y la sociedad se había integrado. Sólo faltaba encontrar la fórmula política adecuada.

Hoy sabemos que todavía faltaba lo peor, y que aún no hallamos la fórmula política. Pero la observación sobre la integración social de entonces es significativa. En el fondo su diagnóstico no era muy distinto del de Perón, quien en 1973 confiaba en el Pacto Social y en su autoridad para restablecer el orden social.

José Luis Romero no ignoraba las “villas miseria”. En Latinoamérica: las ciudades y las ideas estudió agudamente la coexistencia en las “megalópolis” latinoamericanas de dos sociedades, una integrada y otra anómica. Pero no creía que fuera algo definitivo. De alguna manera, la sociedad normalizada terminaría incorporando a “los rancheríos”.

Esa imagen de 1975, que va más allá de la crisis política, nos da la medida de lo que cambió el país en las cuatro décadas siguientes. Hoy sabemos que se trataba de un momento de ruptura, y que la Argentina estaba por iniciar un nuevo camino. Quizás evitable, quizás no. Pero sin duda, recorrido de la peor manera posible.

La Argentina hizo desde entonces un giro copernicano, se dio vuelta como una media, y entre otros varios cambios, se conformó el nuevo mundo de la pobreza.

Medio país vive hoy en la pobreza.

Lo que empezó siendo la consecuencia del desempleo devino en una sociedad compacta y asentada, con su estilo de vida, sus valores y expectativas y hasta su propia legalidad. Un mundo al margen de la ley, quizás, pero no al margen del país, pues muchos han sabido aprovecharse de la miseria.

Podemos hacer sólo una lista parcial de estos aprovechadores, pues no sabemos lo suficiente de un mundo cuya propia voz se escucha poco. A la cabeza están hoy los narcotraficantes, cabezas de una red inmensa de límites insospechados. Incluye a esos adolescentes, casi niños, convertidos en “soldados”, que tienen una vida tan intensa como probablemente breve, pues hasta el sentido de la existencia ha cambiado en este mundo. Están los policías, cuya presencia en las barriadas suele ser más temida que apreciada, quienes hacen posible un universo delictivo más ocasional. Otro grupo de aprovechadores gira en torno de las “Saladas”, con el trabajo esclavo como trasfondo.

Finalmente, está la política, pues entre los pobres se “producen” muchos votos, esenciales en una democracia de sufragio. La práctica productiva involucra al aparato administrativo y político local y regional, e inequívocamente remata en el gobierno central.

¿Cómo imaginar que esta red de intereses se preocupe por solucionar el problema de la pobreza?

A diferencia de 1975, hoy la Argentina está profundamente disgregada, y nadie puede quedar al margen de los efectos. Quienes se propongan gobernar el país, y aspiren volver a una cierta normalidad, a aquella “aurea mediocritas” que dio el tono a la Argentina de mi infancia, han de poner la cuestión de la pobreza a la cabeza de su agenda.

 

La pobreza no es un problema simple. Más bien se trata del lugar de cruce de un cúmulo de cuestiones diversas, cada una con su lógica y sus beneficiarios.

La cuestión requiere la acción convergente del Estado y de la sociedad.

Se puede contar con quienes en las barriadas pobres se organizan por ejemplo para enfrentar a los dealers. También existe una densa red de agencias voluntarias, de buenas intenciones y eficacia probada. Pero no basta.

Se necesitan los recursos y la coordinación de un Estado que sepa ser, también, el lugar en donde, como decía Durkheim, la sociedad piense sobre sí misma.

Hoy sólo tenemos jirones de un Estado metódicamente destruido a lo largo de cuatro décadas. Pero jirones al fin. Núcleos de capacidad y eficiencia, hoy desaprovechados, que deben reactivarse, pues de momento es lo único que hay. Hace un tiempo Rodolfo Terragno propuso convertir a las escuelas en agencias públicas “todo terreno”, que se hagan cargo, con criterios estatales, de lo que hoy resuelven punteros y referentes. La idea es buena, salvo que las escuelas deben hacer lo suyo: enseñar.

Además de elaborar su estrategia, los futuros gobernantes deben saber cuidar la táctica.

Existirá una oposición activa de todos los que, de un modo u otro, viven de la pobreza. ¿Por qué un barra brava dejaría de serlo? Cada acción afectará un interés: algunos completamente ilegítimos y otros no tanto. Entre los damnificados habrá muchos que controlan fragmentos de poder, mayores o menores.

La pulseada exige aglutinar fuerzas. Las acciones deben graduarse, para no enfrentar a todas a la vez.

Hay una compleja arquitectura política por desarrollar, que debe ser lo menos agonal posible. Eso es lo que esperamos de los políticos. Pero el premio justifica el esfuerzo: recuperar una sociedad integrada que semeje a la que supimos tener, y que en las décadas pasadas fue destruida.

Publicado en Clarín

Etiquetas: Pobreza y política, Reconstruir el Estado

Volver a artículos de periodismo

Últimos artïculos publicados

25 de octubre y 1 de noviembre de 2020

El ciclo peronista del kirchnerismo

¿Es peronista el kirchnerismo? ¿Cuál es la relación entre el kirchnerismo y el peronismo? Son conocidas las opiniones poco favorables de Cristina Kirchner sobre Perón y el PJ. Pero a la vez, el...

Publicado en Los Andes

24 de octubre de 2020

Historia global: una amplia manera de leer el pasado detrás de los libros

Stefan Rinke, profesor de la Universidad Libre de Berlín, investigó el impacto de la Primera Guerra Mundial en América Latina desde el punto de vista de la novedosa “historia global”. Su agenda...

Publicado en La Nacion

27 de Septiembre de 2020

Sorel y sus reflexiones sobre la violencia

Luis Alberto Romero Con “Reflexiones sobre la violencia”, publicado en París en 1908, Georges Sorel (1847-1922) abrió la discusión sobre una de las claves del pensamiento político del siglo...

Publicado en Los Andes

Buscar artículos por temas

Luis Alberto Romero
© 2014