Luis Alberto Romero

artículo publicado

Junio de 2013

Perón, Mercante y el valor de la lealtad

No es fácil ser gobernador de la provincia de Buenos Aires. Hay algo estructural en la cuestión: le pasó a Yrigoyen, y también a los conservadores en los años treinta. Pero con los peronistas es más grave: terminan peleados con los presidentes, de mala manera. Ahí están los casos de Bidegain, Duhalde, Solá, y ahora el de Scioli, de final incierto.

El más dramático, y de alguna manera paradigmático, fue el de Domingo Mercante. En 1946, cuando fue electo gobernador, era “el corazón de Perón”. En 1952 dejó el cargo y fue víctima de una larga venganza gubernamental, que solo concluyó en 1955.

En 1943 el teniente coronel Mercante acompañó al coronel Perón en el GOU y en el gobierno. Como era hijo de un obrero ferroviario, le ayudó a establecer los contactos iniciales con el más poderoso gremio de entonces, la Unión Ferroviaria, que fue la base de la exitosa política sindical de Perón. En octubre de 1945, luego de la renuncia y detención de Perón, Mercante hizo de todo. Movilizó a la dirigencia sindical amiga y estuvo en la calle el 17. También en la Casa de Gobierno, negociando con los militares y el presidente. Concibió la salida política de la crisis: la renuncia de Perón a todos sus cargos y el lanzamiento de su candidatura presidencial. Lo convenció a Perón, bastante reticente a abandonar su encierro. Finalmente, se adueñó del micrófono en la Casa de Gobierno y preparó la triunfal alocución del líder. Legítimamente pudo reclamar un lugar entre quienes hicieron el 17 de octubre.

En los febriles meses siguientes, cuando se organizaban las candidaturas de la coalición que encabezaba Perón, el partido Laborista de la provincia lo propuso, primero como vice presidente y luego como gobernador. Había por entonces una dura puja con los que venían del radicalismo. Perón prefirió a uno de ellos en la vicepresidencia -J.H. Quijano- y admitió que Mercante, que ya era “su corazón”, fuera a la provincia.

Muchos de los gobernadores electos en 1946 fueron catastróficos, y otros simplemente malos. Mercante fue bueno o quizá muy bueno. Eligió un gabinete de muy buena capacidad técnica. Convocó a varios dirigentes de Forja e incluyó a dos intelectuales de nombre: Arturo Jauretche y Arturo Sampay. La administración de Buenos Aires brillaba en el conjunto. En una provincia con muchas carencias se realizaron obras públicas, se construyeron escuelas y viviendas. Evita lo puso a menudo como ejemplo de gobernador que hace cosas, que “cumple”. También fue singular la organización del peronismo político, un proceso que en todo el país fue conflictivo y dificultoso. En Buenos Aires Mercante logró una buena combinación de autoridad, organización, participación y representación. Casi un partido. Y hasta logró tener un trato relativamente correcto con los opositores.

Los resultados electorales premiaron sus éxitos. En 1949 encabezó la lista bonaerense a la Convención constituyente, que luego presidió, y en 1950 fue reelecto gobernador, con muchos votos propios. Por entonces se lo mencionaba como compañero de Perón en la fórmula presidencial, o quizá su sucesor en 1958. Por entonces se consideraba que integraba la tríada gobernante, junto con Perón y con Evita, y que hasta tenía en el gobierno hombres que le respondían a él.

Por entonces algo empezó a romperse en esa relación. Existen versiones pero pocas certezas. Hay quien ha señalado una reticencia de Mercante, presidente de la Convención, a incluir la reelección presidencial, siguiendo literalmente el circunstancial pedido de Perón de no ser reelecto. Otros recuerdan que en la campaña electoral de su reelección, en 1950, en Evita lo acompañó en todos los actos, y se dedicó a empequeñecer su figura y a exaltar la de Perón, y también la de ella misma, que por entonces aspiraba a ser vicepresidente. Otros finalmente recuerdan el ascendiente de Mercante en los gremios ferroviarios, que en 1951 lanzaron una durísima huelga; no aseguran que Mercante interviniera, pero suponen que Evita pudo creerlo.

Lo cierto es que desde entonces su caída fue abrupta. En 1951 el Consejo Superior del partido Peronista, que comandaba A. Teisaire, intervino en la provincia, y eliminó a toda la dirigencia vinculada con Mercante. En 1952, al concluir su mandato, Mercante fue remplazado por el mayor Aloé, del círculo íntimo de Perón, quien proclamó urbi et orbi que realizaría una limpieza profunda. Toda la plana mayor de la provincia fue renovada, eliminando cualquier huella de mercantismo. El ex gobernador y sus colaboradores fueron expulsados del partido Peronista. Muchos fueron encarcelados, y el propio Mercante, totalmente retirado de la política, fue vigilado por la policía, intimidado y atacado, hasta que optó por exiliarse en Montevideo.

No hay que descartar que hayan jugado algunas inquinas personales. Pero es más probable que el éxito de Mercante haya sido el origen de su perdición.  Desde 1950 el peronismo, que conservaba algo de su espíritu inicial, basista, revoltoso y participativo, se hizo crecientemente burocrático y verticalista. Mercante era una alternativa a Perón. Un posible sucesor en un movimiento que, ya desde entonces, no podía admitir límite alguno al liderazgo de su jefe. Si en 1950 se podía pensar en un triunvirato, a fines de 1952, por razones diferentes pero concurrentes, solo sobrevivía uno de los tres. Esto parece ser una constante en los triunviratos políticos.

Queda la cuestión de la lealtad, un valor central en el peronismo pero poco frecuente en sus prácticas. Mercante no fue desleal; simplemente eligió un camino que entendía correcto. En cambio Perón no fue leal con su “corazón”. La caída de Mercante coincidió con el ascenso del almirante Teisaire, modelo de lealtad, obediencia y obsecuencia. Un poco después, el general Dalmiro Videla Balaguer recibió la medalla a la lealtad peronista. La Revolución Libertadora encontró a Videla Balaguer en el campo de los vencedores y  Teisaire ofreciendo un indigno espectáculo de claudicación. Probablemente, Mercante siguió siendo leal al peronismo de 1945.

Publicado en Revista Fortuna

Etiquetas: Mercante, Perón, Provincia de Buenos Aires

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