Luis Alberto Romero

artículo publicado

12 de febrero de 2017

Reseñas. Descenso a los infiernos. Europa 1914-1949, de Ian Kershaw

El historiador británico Ian Kershaw ha ganado un merecido reconocimiento por su monumental biografía de Hitler y por otros estudios sobre el nazismo, profundos y equilibrados. En este volumen enfrenta un desafío diferente: no se trata del trabajo monográfico sino de una síntesis: la Historia de Europa en el siglo XX y XXI, cuya primera parte comprende el período de 1919-1949.

Europa es un concepto relativamente nuevo para los europeos, tradicionalmente centrados en la historia de sus países. Kershaw examina el conjunto europeo y no solo la parte occidental, y le da un lugar importante a la Unión Soviética, pero faltan más referencias a Estados Unidos, protagonista imprescindible. Se centra en la Segunda Guerra Mundial, sus antecedentes, desarrollo y consecuencias en la inmediata posguerra, y coloca en el centro de su explicación a Alemania.

Los aspectos políticos y militares son reseñados someramente, y el autor se ocupa en detalle de las consecuencias sociales de la guerra y sobre todo de las víctimas: los muertos en combate o en los bombardeos, los grupos étnicos perseguidos -el judío es el principal pero no el único- y los millones de desplazados, incluso después del fin del conflicto. Al historiador escrupuloso se suma el ciudadano que denuncia los horrores de la guerra y el descenso a los infiernos mencionado en el título (el original, “To Hell and back”, es más sintético y más amplio).

Kershaw incluye breves sinopsis de la política en cada uno de los países europeos, que son muchos; breves, abigarradas y poco comprensibles, resultan tediosas. La elección de otros aspectos del pasado es parcial y algo arbitraria, aunque incluye fragmentos brillantes, como la comparación de los regímenes de Mussolini, Hitler y Stalin, en la que evita tanto el maniqueísmo como la simplificación.

También es atractiva la sección sobre las ideas y la cultura, la crisis de los valores liberales en la primera posguerra y la emergencia de alternativas extremas, como el nihilismo, el fascismo y el comunismo. Quizá juzga demasiado a los protagonistas, y al subordinar su explicación al advenimiento de una nueva guerra, pierde matices importantes.

En las secciones sobre la sociedad recurre a algunos clichés tradicionales -la reacción de las clases medias, oprimidas por la concentración capitalista y la corporación sindical-, aunque en el caso de Alemania, que trata más específicamente, aclara que esta explicación es insuficiente. En otra capítulo explica el consumo masivo de productos populares de entretenimiento, como los deportes, la música de jazz y el cine americano; construye un cuadro interesante, matizado con recuerdos familiares, pero no va mucho más allá de la evocación. Falta una mirada de conjunto de la sociedad y la cultura que, independientemente de la guerra, registre sus grandes movimientos, como la democratización social y política, y que articule los distintos escenarios de su relato.
Es sabido que Kershaw es un excelente y riguroso historiador, maestro de la biografía y con capacidad para llegar al gran público. Pero la síntesis histórica -el género aquí abordado- tiene sus requerimientos específicos. El primero, que Kershaw satisface ampliamente, es el conocimiento preciso y detallado de cada una de las partes; esto la diferencia de las modelizaciones comunes en las ciencias sociales y políticas.

Con esa base, el historiador debe avanzar y alcanzar una visión amplia del conjunto, organizada en torno de algunas ideas generales. Esta visión debe ser a la vez muy clara y suficientemente compleja como para articular los diferentes procesos. Debe proponer una interpretación y a la vez dejarla abierta, incitando a los lectores a explorar nuevos caminos. La claridad del pensamiento debe prolongarse en la escritura. Una gran síntesis histórica -como las de Gibbon o Hobsbawm- debe invitar a sucesivas lecturas, que tras la superficie brillante y atractiva, descubran las explicaciones profundas. En ese sentido, este libro de Kershaw es una obra muy útil, pero no una gran obra.

Publicado en La Nación

Etiquetas: Europa, Guerras Mundiales, Nazismo, Refugiados, Víctimas

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