Luis Alberto Romero

artículo publicado

14 de octubre de 2012

Romero revisita la historia argentina

El autor amplía su “Breve Historia Contemporánea”. A propósito de eso, habla del país, del kirchnerismo y la economía.

Por Carlos Torrengo

–En su libro usted sostiene que el kirchnerismo ha demostrado tener iniciativa para recuperarse de las podas de poder a las que lo ha sometido su gestión. Pero sostiene también que comienza la declinación del K en cuanto a proceso. Sin embargo habla de los “endebles” que están por detrás de este tipo de gobierno: alternativas, oposición. ¿Cree que hay que resignarse a que seguiremos gobernados por poderes emanados del peronismo?

–Creo que sí. Así lo indica la razón, aunque personalmente haré lo que pueda para impulsar otra opción. Pero no sabemos qué tipo de peronismo será. Mi impresión es que lo sabremos a partir del momento en que se defina la posibilidad o no de una reforma constitucional, aunque mantendremos el temor a que se les ocurra algo nuevo, como un 18 Brumario. Si se clausura la posibilidad de la reelección, creo que el kirchnerismo o cristinismo habrá llegado a su fin y comenzará una etapa interesantísima dentro del peronismo, donde seguramente todos los grupos, hoy separados, volverán a competir a la par.

–Pero estaríamos siempre en lo que dice Tulio Halperín Donghi: el siglo peronista, o lo de Tomás Eloy Martínez: Marcados por generaciones por el peronismo…

–Bueno, la oposición tiene la palabra: transformarse en competitiva. Pero aun manteniendo el peronismo su protagonismo, hay una opción destinada a mejorar el funcionamiento del sistema: recrear las condiciones políticas que impidan la concentración del poder en el gobierno. Eso ayudaría a que la opción peronista resultante encabece una suerte de “transición” a un gobierno ordenado, o “normal”, como había ofrecido al comienzo Néstor Kirchner.

–Siempre en el marco de la revisión y ampliación que ha hecho usted de su Historia Argentina, se infiere que siente que el sistema político está presionado por nuevas prácticas en el ejercicio del poder. Al rastrillar la última década ¿qué siente de novedoso en esta materia y si esto eventualmente se está transformando en cultura para el ejercicio del poder?

–Yo avanzo en el libro hacia las últimas décadas desde un convencimiento, si quiere una idea destinada a alentar la reflexión. Se centra en el hecho de que desde hace varias décadas los mecanismos normales del Estado han sido desmontados o simplemente destruidos. Esto sigue sucediendo cada día. Esto ha posibilitado una hipertrofia del gobierno, no limitado por el Estado, y un desarrollo del decisionismo: en cada momento se aplica una solución de emergencia, que resuelve el problema del día y lo manda al futuro, a veces muy cercano. Algo así como gobernar a los golpes…

–¿Improvisación?

– Sí… Pero reflexiono el tema desde una impresión: de todo ese estilo no se vuelve fácilmente. No será posible que un gobierno diga: desde hoy volvemos a los procedimientos normales, porque los mecanismos están destruidos.

–¿Cómo salir de esa cultura decisionista?

–Bueno, un temazo. No un imposible. Creo que salir del decisionismo requiere de una transición, una especie de desaceleración gradual, en la que habrá que combinar procedimientos decisionistas con otros normalizadores. Lo digo con un ejemplo: los índices de inflación. Hay que reconstruir el Indec y elaborar índices veraces. Pero llevamos siete años con contratos fundados en la falsedad, y no es posible que de golpe todo el mundo reciba un ajuste por lo que se le debe. Probablemente la justicia le daría la razón a cada uno, pero las finanzas públicas se derrumbarían…

–En marco de conjetura, eso implicaría ir por el túnel del tiempo.

–Y, estaríamos en una situación parecida al 2002. Por eso, junto con normalizar el Indec y volver a la normalidad estadística, será necesaria una decisión de emergencia para cubrir el bache de una manera equitativa. A eso me refiero con la transición. Y creo que es una tarea que les compete a los peronistas razonables y espero que no sea un oxymoron.

–Si se acepta –como usted lo fundamenta en su libro– que el kirchnerismo es muy dúctil a la hora de organizar “la caja”, a los fines de explorar la historia, ¿qué encuadre se le da a esta cultura de “caja” en términos de cómo se instala precisamente con proyección en la historia?

–Parece que se hablara en términos de ciclo. A ver, a ver… el kirchnerismo utiliza la política para hacer caja y, a la vez, usa la caja para hacer política. Un ciclo completo. No es un invento y, seguramente, encontramos los orígenes de “la caja” en la presidencia de Avellaneda o Roca. La diferencia está en la escala –lo cuantitativo se convierte en cualitativo– y, sobre todo, en la disolución de los partidos políticos, que tradicionalmente eran estructuras intermedias. Con el kirchnerismo no se trata de que el gobierno financia al partido, sino que el mismo funcionario del Estado –presidente o intendente– hace política, sacando la plata de la misma caja con la que financia el gasto público. Los controles se han reducido tanto, que ya no hace falta diferenciar. Esto hace que otros partidos sólo puedan competir en la medida en que construyan alguna base territorial. Los partidos de opinión, financiados a pulmón, no funcionan, salvo en la ciudad de Buenos Aires.

–¿Qué anormalidad, en el marco de todas las que signan nuestra historia institucional, sigue expresándose en términos muy elocuentes?

–Hay una cuestión de estricto orden fiscal: la concentración de ingresos en el gobierno nacional. En varias ocasiones, las Ligas de Gobernadores funcionaron como contrapesos, no institucionalizados, del poder central. Hoy los gobernadores no pueden sobrevivir, porque los fondos propios son escasos y, aun ésos, el gobierno decisionista puede bloquearlos. Aquí vale retomar una pregunta anterior. Un país normal tendría una adecuada ley de coparticipación. Pero es inimaginable que eso pueda ser resuelto de un día para otro, de modo que lo probable en una transición sea un decisionismo fiscal más moderado y más equitativo. Pero decisionismo al fin.

Publicado en Río Negro

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