Luis Alberto Romero

artículo publicado

5 de julio de 2011

¿Son actos patrios o partidistas?

Se acerca el 9 de Julio y recuerdo el verso de Borges:“Nadie es la patria, pero todos lo somos”. No parece que hoy sea así.

En la celebración oficial, las dos últimas fiestas patrias resultaron ser actos partidistas . El “relato” épico del gobierno kirchnerista se entroncó en una versión sesgada y facciosa del pasado argentino, construida por los ideólogos del régimen.

Como muchos otros, Sarmiento está ausente de esa versión, o apenas entra de rondón, como alguien que embanderó el país. En 1938, en ocasión de los cincuenta años de su muerte, la Iglesia recurrió a un procedimiento parecido: no pudiendo ignorar al execrado impulsor de la enseñanza laica, lo presentó como el autor de una “vida de Jesús”.

Es conocida la histórica identificación del movimiento peronista con el Estado, y también con la Nación . Por ejemplo, en 1952 las “Veinte verdades peronistas” fueron convertidas en “Doctrina nacional”. Sin embargo, Perón supo ser más parco en su relación con el pasado patrio . En 1947 bautizó “D.F. Sarmiento” a una de las líneas férreas nacionalizadas. También fueron recordados Mitre, Roca, Belgrano y San Martín. Perón concentró las efemérides partidarias en dos días ajenos a la patria: el 1° de Mayo y el 17 de Octubre, y dejó relativamente a salvo del faccionalismo los festejos nacionales.

En cambio hoy el oficialismo se mantiene a distancia de las celebraciones partidarias, donde quizá puedan expresarse otras versiones del peronismo. Impulsado por la ola del Bicentenario, se concentra en las fechas nacionales, convertidas en actos de campaña y celebraciones facciosas.

Personalmente, durante mucho tiempo no aprecié la frase de Borges. Llegué a los cuarenta años sintiéndome ajeno y extraño a la patria y al Himno, que evitaba cantar. Siempre sentí que la patria era cosa de otros.

Mi escolaridad comenzó en 1950, con la celebración del Año del Libertador -presentado como modesto precursor del segundo libertador-, la lectura de La razón de mi vida y las clases de religión católica. En el secundario pasé a una “Educación Democrática” que combinaba la filosofía tomista con el anticomunismo rampante, y apuntaba los inicios de la Doctrina de la Seguridad Nacional. Mi experiencia inicial como docente estuvo jalonada de actos patrios con versiones marciales del Himno, que recordaban la identificación, mayor o menor, de los gobiernos con las Fuerzas Armadas. En 1982, en los días de Malvinas, cuando brotó la fiebre nacionalista, me sentí como un extranjero.

Hoy puedo entender que s e trató de un proceso histórico, político y cultural característico del siglo XX.

La patria inicial, la de la Constitución, era amplia, tolerante y liberal. Aceptaba las diferencias e invitaba a todos los hombres del mundo, con el solo compromiso de aceptar la ley. A lo largo del siglo XX fue creciendo la idea de que la nación debía ser homogénea y unánime. Lo mostró Lilia Ana Bertoni en un hermoso libro. Hubo discusiones sobre el núcleo común de la nación, pero una convicción acerca de que esa unidad existía y a la vez, que había que reforzarla, eliminando las disidencias. Los intelectuales discutieron acerca de la esencia del “ser nacional argentino”, y hoy lo siguen haciendo.

Pero además, tres grandes protagonistas, de voz poderosa, concurrieron a definir la esencia de la nacionalidad.

El Ejército, que se proclamó depositario de sus valores esenciales; la Iglesia , que identificó la nación con la catolicidad, y el peronismo , que profundizó la huella abierta por el yrigoyenismo y se presentó como la expresión única del pueblo y de la nación. Fueron tres discursos diferentes, y frecuentemente en conflicto, pero con un punto de coincidencia: para todos ellos, la nación era una y homogénea, y había argentinos que estaban excluidos de ella . Porque no eran católicos, u “occidentales y cristianos”, o peronistas. Eran apátridas. Antipatria.

Me encontré con la patria en 1983, y me gustó.

Descubrí el placer de los actos patrios de la escuela, y de cantar todos juntos el Himno. También me gustó que hubiera muchas versiones de nuestra canción patria, que yo creía nacida en una fanfarria militar. Pensé que habíamos pasado la página y -ahora sí coincidiendo con Borges- que todos éramos la patria .

Pero en esto, como en muchas otras cosas, aquella experiencia de 1983 parece haber sido un veranito de San Juan . Veo los actos oficiales, escucho a la Presidenta y me siento como en la infancia. Los argentinos tenemos que recuperar el Estado y la República. También la patria.

Publicado en Clarín

Etiquetas: Patriotismo, Revisionismo

Volver a artículos de periodismo

Últimos artïculos publicados

25 de octubre y 1 de noviembre de 2020

El ciclo peronista del kirchnerismo

¿Es peronista el kirchnerismo? ¿Cuál es la relación entre el kirchnerismo y el peronismo? Son conocidas las opiniones poco favorables de Cristina Kirchner sobre Perón y el PJ. Pero a la vez, el...

Publicado en Los Andes

24 de octubre de 2020

Historia global: una amplia manera de leer el pasado detrás de los libros

Stefan Rinke, profesor de la Universidad Libre de Berlín, investigó el impacto de la Primera Guerra Mundial en América Latina desde el punto de vista de la novedosa “historia global”. Su agenda...

Publicado en La Nacion

27 de Septiembre de 2020

Sorel y sus reflexiones sobre la violencia

Luis Alberto Romero Con “Reflexiones sobre la violencia”, publicado en París en 1908, Georges Sorel (1847-1922) abrió la discusión sobre una de las claves del pensamiento político del siglo...

Publicado en Los Andes

Buscar artículos por temas

Luis Alberto Romero
© 2014