Luis Alberto Romero

artículo publicado

3 de octubre de 2004

Tiempos de protestas

Las huelgas obreras, los anarquistas, la Semana Trágica, el Cordobazo, el fenómeno piquetero… En esta quinta entrega, Miguel Angel De Marco y Luis Alberto Romero reflexionan y debaten sobre la protesta social en la Argentina

Por Jorge Palomar

Les parece iniciar la charla definiendo, en primer lugar, el término protesta social?

Luis Alberto Romero: -Tal vez habría que hablar de protesta político-social. Fíjese que la Semana Trágica se produce en contra de la policía y del ejército, que intervienen para reprimir. El 17 de octubre, en cambio, se produce alentado por un coronel, esto es, corresponde más a un movimiento político con repercusión social que a un movimiento que nazca de la sociedad. Me parece que tiene más de convocado que de espontáneo. A su vez, el Cordobazo se parece más a la Semana Trágica.

Miguel Angel De Marco: -El 17 de octubre fue un movimiento netamente político, pero que aprovechó esa efervescencia social que existía. Por otra parte, yo no sé hasta qué punto se puede decir que no se habían adoptado algunas medidas en el gobierno de Farrell, con la Secretaría de Trabajo en manos de Perón, para tratar de responder algunos requerimientos de parte de la clase trabajadora. El 17 de octubre en sí mismo, si bien tuvo una gran presencia de gente humilde, a mi modo de ver también fue movido políticamente.

-Se dijo alguna vez que el 17 de octubre sirvió, también, para que los porteños conocieran a los pobres.

LAR: -Bueno, ése es otro costado del asunto: cómo la ciudad de Buenos Aires re-cibió esto. Y ahí sí hubo una connotación social muy fuerte, que es lo que usted dice: enterarse de que ese mundo existía.

-¿Son muchas las protestas sociales desatadas en nuestra corta historia?

LAR: -En principio, no es una sola historia. Por eso voy a acotar su pregunta al siglo XX. Me parece que, comparado con otros lugares, no es una sociedad que se caracterice por su conflictividad. En el balance, hasta la década del 70 fue una sociedad en la que predominaban los éxitos, los logros, los avances de la clase media, y eso mantenía aplacado el conflicto social. Había, sí, conflictos políticos, pero no tanto sociales. Había una sociedad contenta, a pesar de los conflictos políticos.

MADM: -El problema es saber fehacientemente desde cuándo se producen protestas sociales, en la acepción que actualmente le damos, en la historia argentina. En algunos levantamientos indígenas se mezclan las connotaciones políticas con los reclamos contra la opresión de los corregidores, como en el caso de la rebelión de Túpac Amaru.

LAR: -Yo me referiré a la protesta social como algo distinto (hasta donde eso es posible) de la protesta política. Así definida, la protesta social supone la existencia de un marco de orden y legalidad estables. Por eso, podemos quizás encontrarla antes de 1810 -podría definirse así a las rebeliones indígenas- y después de 1880, con la consolidación del Estado y la generalización del capitalismo.

En cambio, entre 1810 y 1880 la protesta social es, a veces, un ingrediente de las luchas políticas por la organización. Hay una dimensión social en la política de Güemes de hacer la guerra a costa de los ricos salteños, en una región socialmente muy polarizada, o en la guerra del Litoral artiguista, consistente en el saqueo ganadero. Pero, simultáneamente, otros jefes político-militares, como Rosas, López o Quiroga, trasladan a la guerra el férreo orden social y político de sus provincias. Por otra parte, las guerras en sí mismas fueron fuente de descontento social. Desde 1880 comienza a ser significativa la protesta de los nuevos trabajadores, urbanos sobre todo, contra el orden social capitalista; en general, buscando una forma de negociar en él una mejor situación. La protesta fue dirigida alternativamente por los anarquistas, sindicalistas y socialistas. Los primeros supieron ofrecer direcciones tácticamente eficaces en los picos de conflicto, los segundos difundieron una eficaz forma de organización, el sindicato, y los terceros propusieron una vinculación entre la protesta social y la reforma política. Hasta 1920, las organizaciones fueron débiles, y hubo picos de protesta fuertes y violentos, como en 1910, o entre 1917 y 1921.

MADM: -La protesta social es producto de los grandes cambios surgidos a partir de la segunda mitad del siglo XIX. La creciente llegada de extranjeros, incorporados al trabajo rural y urbano en condiciones muy duras, unida a la presencia entre ellos de militantes socialistas y anarquistas que habían participado en movimientos por lo general reprimidos con violencia en sus respectivos países, favoreció una confrontación inédita en estas tierras. No es extraño que los trabajadores gráficos fueran precursores en la adopción de medidas de acción directa, en tiempos del Estado de Buenos Aires. La creación, en 1857, de la Sociedad Tipográfica Bonaerense fue la respuesta a la pesada y mal paga labor en los diarios y talleres de impresiones generales. Pero si esa entidad reclamó por condiciones de trabajo más dignas, la Unión Tipográfica, surgida en 1878, alcanzó un carácter combativo que escandalizó y preocupó a las autoridades, a las clases altas y aun al elemento nativo, que veía en tales acciones una especie de “invasión de los gringos”.

LAR: -Desde la década del 20 comienzan la organización corporativa de la protesta y la búsqueda de formas de negociación con las empresas y con el Estado. Esa forma se encontró en 1945, cuando el Estado reconoció a los sindicatos, un único sindicato nacional por rama de industria, y estableció la negociación colectiva y los convenios laborales con intervención estatal. En ese punto, la protesta social está institucionalizada, y los sindicatos se insertan, de un modo u otro, en la lógica estatal. Reciben y dan. Son controlados, pero a la vez presionan eficazmente. Este esquema se mantiene después de 1955, con el sindicalismo vandorista. Una parte menor, la de la resistencia peronista, no se integra y mantiene una protesta no controlada, que se generaliza a partir de 1968, y sobre todo de 1969, con el Cordobazo. En los años siguientes, la protesta social se despliega ampliamente, desborda los clásicos reclamos sindicales e imagina la posibilidad de construir una sociedad distinta. La protesta llega a los rincones más remotos de la sociedad.

MADM: -Quisiera retroceder unas cuantas décadas. Mientras la organización del trabajo adoptaba las características de los talleres artesanales, con maestros, oficiales y aprendices, la mano de obra se cotizaba mucho. Dice Mariluz Urquijo que “el obrero no sentía la necesidad de entrar en coaliciones con los de su clase: su mejor arma no era la huelga ni la protesta enérgica, sino el simple abandono del trabajo para pasar a conchabarse con otro empleador. Y a su vez, el patrón no aspiraba a leyes restrictivas de una unión obrera que no existía. Lo que sí deseaba eran disposiciones que le permitieran retener a su gente, que vigorizaran los contratos de trabajo e impidieran la ruptura unilateral”.

-¿Cuáles fueron las protestas más significativas?

LAR: -Sin duda, la Semana Trágica fue muy fuerte, y se prolongó por algunos años. Ahí hubo causas originadas por los efectos de la Primera Guerra Mundial y, luego, por la ausencia de esas causas y dificultades. No se olvide de que en las sociedades capitalistas las protestas clásicas se producen cuando la economía anda bien. No es la protesta de los desesperados, sino la de los que, teniendo trabajo asegurado, quieren mejorar su situación. Cuando la economía empezó a repuntar, en la posguerra, explotaron las demandas. Y eso se cruzó con el impacto mundial de la revolución soviética de 1917. Hechos como la Semana Trágica se produjeron en muchísimas ciudades industriales de todo el mundo (Barcelona y Torino, por ejemplo). Otra protesta muy significativa fue el Cordobazo. Fue una protesta claramente social. Y en el medio, bueno, habrá que ver cómo incorporamos el 17 de octubre como protesta social.

MADM: -En la década de 1880 surgieron nuevas organizaciones que promovieron frecuentes huelgas obreras, y en algunos casos lograron éxito para sus reclamos, como la que reunía a los obreros panaderos, con la dirección de los anarquistas italianos Mattei y Malatesta, quienes “le torcieron la mano” al gobierno de Miguel Juárez Celman.

Los años finales del siglo XIX asistieron a los intentos de reglamentación de la actividad gremial por parte de los gobiernos, al rechazo de las organizaciones y a sus propias tensiones internas. Y los primeros del siglo XX mostraron una creciente actividad sindical que impulsó huelgas generales, casi inexorablemente violentas, por parte de los que reclamaban y de los que reprimían.

-¿Qué giro tomó la protesta social a partir de la segunda mitad del siglo XX?

MADM: – Puede decirse que desde 1955 hasta nuestros días la Argentina vivió todo género de protestas sociales, muchas instrumentadas con fines que iban más allá de las reivindicaciones de determinado sector y que se mezclaban con motivos políticos y luchas por la conducción de los sindicatos a través de la CGT, oficial o paralela.

LAR: -Durante la dictadura militar emergió una nueva y original forma de protesta social, que se amplió luego de 1984: la defensa de los derechos humanos. Es novedoso el propósito, pues no se trata de un reclamo corporativo, y también el planteo: no es una corporación que busca insertarse en el Estado para extraer de él beneficios, sino una auténtica expresión de la sociedad civil.

MADM: -Y sin ser novedosos, pues habían tenido lugar en otras partes, yo diría que los cacerolazos significaron un modo de protesta atípico, que mostró que el descontento podía expresarse más allá de las organizaciones sindicales, frente a situaciones que ponían en riesgo los intereses de buena parte de la población o provocaban la irritación de los ciudadanos de diferentes clases sociales. Finalmente, observamos la protesta contra una de las graves falencias actuales: el problema de la inseguridad ha provocado el fenómeno de que se unieran damnificados -la sociedad toda- para protestar tanto por los casos de “gatillo fácil” como por los secuestros extorsivos que terminaron con muertes o torturas. El caso Blumberg reunió una de las expresiones más grandes y extendidas de reacción espontánea de los ciudadanos.

-¿Cómo analizará la historia el fenómeno piquetero?

MADM: -La cuestión de los piqueteros es compleja y puede ser contemplada desde diversas facetas: la del clientelismo que se monta a partir de reclamos con un fondo legítimo, como la necesidad de pan y de trabajo. O la de la comisión de actos en abierta infracción de la Constitución y de normas jurídicas esenciales. También implica una discusión acerca de los medios que debe emplear el Estado con el fin de garantizar derechos conculcados a los demás ciudadanos.

LAR: -Los piqueteros expresan el reclamo de una enorme porción de la sociedad: lo que podría llamarse, en el contexto de la reciente y formidable reestructuración argentina, los perdedores. Se trata de un movimiento social muy grande. Sobre ese movimiento se ha construido un conjunto de organizaciones. Ellas repiten el modo de acción de los sindicatos: actuar como una corporación para exprimir al Estado y obtener algo de lo poco que allí queda. Bajo la forma de subsidios y planes de asistencia se mantiene en condiciones de supervivencia a un vasto sector de desocupados y, a la vez, se financia a estas organizaciones. Los piqueteros tienen un discurso anticapitalista, pero sólo de palabra. Yo estoy convencido de que las organizaciones piqueteras lo que quieren hacer es exprimir al Estado, que otorgue más planes y prebendas. De todos modos, hay que hacer alguna distinción. El problema de la desocupación es espantoso y nos desafía permanentemente. Y, por otro lado, hay muchos emprendimientos de autoorganización que realmente son muy interesantes. En tercer lugar, hay una organización que se establece para defender corporativamente un interés y, a la vez, defenderse a sí mismos. Creo que lo que se dice de la burocracia sindical es muy parecido a lo que se ve ahora, la burocracia piquetera, porque por cada peso que va a la ayuda social hay un porcentaje que queda para la organización.

-Las protestas dejan secuelas y lecciones…

LAR: -El Cordobazo fue una protesta muy profunda, muy rica, muy creativa. Le faltó la expresión política. Y ahí es donde fue terrible, porque triunfó la peor de las alternativas, la de los partidos armados. Cualquier propuesta democrática brillaba por su ausencia. Montoneros, la organización más fuerte, fue la expresión más pobre. Por eso es interesante su observación, esto es, cómo una movilización social deja un saldo favorable. Y deja algunos nombres. Yo diría que si hay que rescatar un nombre surgido de una protesta social ése es Agustín Tosco, un dirigente excepcional que debió haber tenido un poco más de espacio para sus propuestas, que eran muy distintas de las que circulaban en la época.

Publicado en La Nación Revista

Etiquetas:

Volver a artículos de periodismo

Últimos artïculos publicados

25 de octubre y 1 de noviembre de 2020

El ciclo peronista del kirchnerismo

¿Es peronista el kirchnerismo? ¿Cuál es la relación entre el kirchnerismo y el peronismo? Son conocidas las opiniones poco favorables de Cristina Kirchner sobre Perón y el PJ. Pero a la vez, el...

Publicado en Los Andes

24 de octubre de 2020

Historia global: una amplia manera de leer el pasado detrás de los libros

Stefan Rinke, profesor de la Universidad Libre de Berlín, investigó el impacto de la Primera Guerra Mundial en América Latina desde el punto de vista de la novedosa “historia global”. Su agenda...

Publicado en La Nacion

27 de Septiembre de 2020

Sorel y sus reflexiones sobre la violencia

Luis Alberto Romero Con “Reflexiones sobre la violencia”, publicado en París en 1908, Georges Sorel (1847-1922) abrió la discusión sobre una de las claves del pensamiento político del siglo...

Publicado en Los Andes

Buscar artículos por temas

Luis Alberto Romero
© 2014