Luis Alberto Romero

artículo publicado

11 de diciembre de 2011

Tiempos interesantes

Una antigua maldición china decía: “Ojalá te toque vivir tiempos interesantes”. Los que se avecinan sin duda lo serán. Quizá dramáticos. Pero lo que vendrá es una incógnita, pese a tratarse del tercer tramo de una fórmula política conocida, y de que el recambio ministerial es reducido. Los pronosticadores ya se han equivocado muchas veces con este gobierno.

Dos cosas son seguras. La primera, que el “modelo”, tal como ha funcionado hasta ahora, deberá tener algún cambio. La segunda, que la rotunda confirmación electoral le da al nuevo gobierno de Cristina Kirchner mucho poder, pero también una enorme responsabilidad. Ni herencia recibida ni palos en la rueda. Suya será la decisión; suyo, el éxito o el fracaso.

¿Qué hará con semejante poder? No faltan augures y arúspices que interpretan los signos, pero los Kirchner nos han enseñado a no confiar en sus vaticinios. Su estilo de gobierno es misterioso y engañoso a la vez. Como el prestidigitador, o el tero. No explican lo que hacen, y a la vez, nos abruman con otras explicaciones. A fuerza de repetición, terminan conformando una  realidad que desplaza a la proveniente de la experiencia. Al menos para los creyentes, que son mayoría. Se trata de un “relato”, o como lo llamábamos antes,  “ideología”, o “falsa conciencia”.  Sin duda, lo hacen bien.

Por otro lado el gobierno ha extremado lo que los politólogos llaman el “decisionismo”. El ámbito donde se toman las decisiones es más reducido e impenetrable que nunca. Con Néstor Kirchner, sus proyectos circulaban ampliamente en conversaciones telefónicas con sus funcionarios, que quizá hasta tuvieran una dimensión deliberativa. Ahora parecen llegar a sus ejecutores -incluso los ministros- de un modo tan sorpresivo y rotundo que apenas les dejan tiempo para acomodar su discurso. El resultado es una combinación de golpes de timón y parálisis de la gestión cotidiana. Algunos suelen compararlo con la monarquía absoluta de Luis XIV, pero por entonces las decisiones del rey estaban mediatizadas por el Consejo Real, los Parlamentos judiciales y las Asambleas estamentales. El decisionismo actual es más bien similar a la autocracia rusa anterior a la revolución.

Comparo esto con un cierto ideal de Estado. El sociólogo y eminente republicano Émile Durkheim lo resumió: “el Estado es el lugar en donde la sociedad reflexiona sobre si misma”.  Además de la máquina ejecutiva -las agencias, la burocracia-, pensaba en un proceso de reflexión colectiva, que arrancaba en los gobernantes y altos funcionarios estatales, y circulaba por la sociedad y sus espacios deliberativos. El parlamento, los partidos, la opinión pública, la prensa, las asociaciones civiles, la plaza y la calle inclusive. Al final, la iniciativa retornaba al lugar de origen, enriquecida y legitimada, y podía convertirse en una “política de Estado”, que servía de parámetros para la gestión gubernamental cotidiana.

Naturalmente, este sistema requiere de un Congreso con autonomía, prensa libre, canales de comunicación y voluntad de diálogo. Requiere una información pública abierta y transparente. Requiere una sociedad política integrada y no escindida en facciones inconciliables. Requiere ciudadanos conscientes. Otro mundo.

Además de la ciudadanía, los partidos, las tradiciones políticas, hay un problema específico con el Estado. Las políticas de Estado necesitan un Estado que las ejecute. Desde hace varias décadas, y por razones diferentes, los gobiernos han ido lo han ido destruyendo: sus agencias, sus mecanismos de control, su normatividad. El caso del INDEC tiene muchos precedentes, lo mismo que las prebendas o la corrupción.

Hoy el Estado es una máquina deteriorada, que quizá solo pueda manejarse a golpes, como las viejas radios. El estilo político kirchnerista es eso: gobernar a los golpes. Imprevistos y contundentes. Quizá tengamos el tipo de gobierno adecuado al Estado realmente existente. Un gobierno que, a falta de seguridades y previsibilidad, nos garantiza tiempos interesantes.

Publicado en Perfil

Etiquetas: Cristina Kirchner, Decisionismo, Segundo mandato

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